.

.

PUEDE UN CURA REALMENTE PERDONAR LOS PECADOS?

Toda persona busca modelos ejemplares que seguir, también ideales sobre los que construir su vida, especialmente la juventud. ¿Pero qué modelo sería más apropiado para una persona que Jesús, el Cristo? Sin embargo qué ídolo es colocado realmente hoy sobre un pedestal por la Iglesia institucional, el denominado «Santo padre», el Papa, quien tan pronto como termina de celebrar alguno de sus cultos rituales, se marcha a sus ricos aposentos en los que poder comer alguna de las criaturas animales ricamente aderezadas.

Pero los animales son nuestros semejantes, nuestros hermanos menores. Entre otras muchas cosas esto caracteriza al ídolo, en contraposición al ideal espiritual que es Jesús de Nazaret, quien durante su vida no solo fue vegetariano, sino también amigo de los animales.

¿Pero qué dijo Jesús al respecto?: «En el camino de tu vida hacia Dios, nuestro Padre eterno, deberías saber que ninguna persona puede quitar los pros y contras de otra persona. Tampoco ningún sacerdote ni pastor pueden quitarte lo que tú te has impuesto libremente como pecado, pues ellos mismos son igualmente pecadores y como pecadores únicamente pueden perdonar a quienes hayan pecado contra ellos.

El hombre es absolutamente libre de hacer o de no hacer, como prefiera, pues recibió del poderoso Creador como balanza para sopesar: su forma de pensar y obrar, una conciencia y el entendimiento, y adicionalmente unas pautas para medir y sopesar que son los Mandamientos de Dios y las sabidurías divinas de vida que enseñé y sigo enseñando Yo, el Cristo de Dios. Éstas pautas muestran que el ser humano es por sí mismo responsable de sus actos y también de lo que se abstiene de hacer».

Tal vez más de uno no quiere hacerse cargo de esta responsabilidad por sí mismo. Para ello deja y entrega su forma de pensar y obrar en manos de un cura, tal vez incluso en las del denominado «Santo padre». Sin embargo Jesús el Cristo dijo: «...ningún sacerdote ni pastor pueden quitarte lo que tú te has impuesto libremente, pues ellos mismos son igualmente pecadores y como pecadores únicamente pueden perdonar a quienes hayan pecado contra ellos».

El día muestra a cada persona aquello que debe hacer, aquello que debe poner en orden con el prójimo, también lo que hay que arreglar o perdonar. Por eso es tan importante para nosotros hacernos una y otra vez la pregunta: ¿Aprovecho el día? Pues yo mismo soy el responsable por todo lo que hago o dejo de hacer cada día.

Y si por lo tanto yo mismo soy el único responsable ningún hombre, ni siquiera si se denomina cura, sacerdote o incluso «Santo padre» me puede ayudar. El único que realmente me ayuda y no se aparta nunca de mí es el Espíritu de Dios, el Cristo de Dios. Si me retiro a un aposento tranquilo donde poder rezar y unirme en oración con Dios, allí descubro que Él desea acompañarme, que Él está conmigo durante el día, durante toda mi existencia.

Estimado lector recuerda que mediante la regla de oro para la vida que dice: «No hagas a nadie aquello que no te gustaría que te hicieran a ti», Cristo nos ayuda a realizar lo que nos hace libres y felices, aquello que verdaderamente nos hace vivir y que nos da vida.

Por José Vicente Cobo








http://www.trujilloprensa.com/


Con la tecnología de Blogger.