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DE QUÉ VIVIRÁ EL HOMBRE SI LE ROBA LA VIDA AL PLANETA?

Estimado lector, por extraño que pueda parecerle el suelo bajo sus pies esté desapareciendo, eso es precisamente lo que está ocurriendo a cada instante en el planeta Tierra, y lo peor es que apenas nos damos cuenta de ello. Tan solo en la Unión Europea se pierden anualmente 970 millones de toneladas de suelo fértil que, debido a la erosión, son arrastradas por riadas. Esto es lo que descubrieron científicos del Instituto Europeo de Investigación Joint Research Center. Una cantidad suficiente para elevar un metro toda la superficie de la ciudad de Berlín.

Pero la erosión no es el único problema que daña a nuestro suelo. En la actualidad entre 15-20% de las superficies agrarias en todo el mundo ya no rinden todo lo que deberían debido a un mal uso o a una explotación intensiva. Lo que dará lugar, tal como informan las Naciones Unidas, a que en los próximos diez años una cantidad adicional de 50 millones de refugiados se pongan en marcha en busca de un nuevo hogar donde encontrar un sustento suficiente.

El que Naciones Unidas declarara el año 2015 como año internacional del suelo, ha tenido hasta ahora pocos efectos. Los seres humanos seguimos tratando a la madre Tierra y al suelo bajo nuestros pies, dicho literalmente, como algo sin valor, olvidando cuán importante es para nosotros y no solo para la obtención de alimentos, pues el suelo también absorbe sustancias nocivas del aire, filtra el agua potable subterránea, y nos abastece de valiosos minerales. Es al fin y al cabo la base de nuestra existencia en la Tierra. Pero el suelo solo puede realizar correctamente sus funciones si los seres humanos no le arrebatamos su fertilidad y su vitalidad.

En una cucharilla de tierra fértil se encuentran tantos microorganismos como seres humanos viven en la Tierra. Los geólogos saben que una vez destruidos los treinta centímetros de valiosa corteza terrestre, se necesitarían varios miles de años para regenerarlo. Una idea para comenzar a reparar el daño causado al suelo podría ser la elección selectiva de nuestros alimentos, pues sólo la industria cárnica requiere para sí el 70% de la superficie agrícola mundial.

Aquí se hace necesario un cambio en la forma de pensar, pues el suelo no es una materia sin vida, es el portador de vida para todos. Los seres humanos sólo somos una parte de la naturaleza, pero toda la naturaleza, incluyendo a los seres más diminutos del suelo, recibe el hálito de vida de Dios. ¿Quién nos da a nosotros el derecho a explotar al gran organismo Tierra y a destruirlo en gran parte? ¿Creemos que esto no tendrá consecuencias? La madre Tierra nos fue confiada para que la cuidáramos.

A través de la palabra profética dada a través de Gabriele desde hace más de 40 años, el mundo espiritual instruyó a la humanidad sobre estas correlaciones y nos explicó lo que ocurriría si seguimos actuando contra la unidad que existe entre los seres humanos, la naturaleza y los animales. Ya en el año 1980, es decir hace 37 años, el Espíritu de Dios dijo a través de Gabriele: «El ser humano destruye esta Tierra, ultraja a su madre, abusa de ella y le roba la vida. ¿De qué vivirás, oh hombre, si lo contaminas todo y matas al planeta?»

Las consecuencias que ha alcanzado la destrucción del medioambiente se hacen evidentes, por lo que deberíamos hacernos conscientes que también nosotros, los seres humanos, somos parte de la naturaleza y que estamos en conexión con todo lo que nos rodea, por eso todo lo que hacemos a la naturaleza, tarde o temprano nos viene de vuelta.

Por Mª José Navarro








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