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LA FORMACIÓN MORAL EN EL ANTIGUO PERÚ, LAS SANCIONES Y LA CONSTRUCCIÓN DEL ORDEN SOCIAL EN LAS ANTIGUAS CIVILIZACIONES

Cada vez que tenemos frente a nuestros ojos literatura que consigne características de una cultura de alto desarrollo, se percibe que un pilar fundamental es el orden, el equilibrio de la sociedad y la naturaleza, entre otros aspectos.   En todos los casos, la moral, las normas, implícito el derecho y las sanciones eran las que lograban ese orden social manifiesto.

Si observamos las culturas asiáticas como la de Mesopotamia, africanas como la de Egipto, Grecia y Roma de Europa, y las desarrolladas en toda América, nos hablan de la importancia de la ejecución de sanciones para lograr el equilibrio ansiado.

Para Mesopotamia podríamos evocar al código de Hammurabi (2210 a. C.) y el código de Eshuna (2300 a. C.).   El código de Hammurabi,  contiene normas y reglas sobre el ejercicio de la medicina y los castigos por mala praxis, sobre todo referente a intervenciones quirúrgicas; en el caso de que un cirujano, con un bisturí, quitase la “nube del ojo” y le hiciere perderlo a su enfermo, se le condenaba amputándosele la mano; la muerte de un enfermo se castigaba según los cánones de la Ley del Talión.  
En el código de Eshuna se menciona una reglamentación para las mascotas, si el perro estaba rabioso se le llamaba la atención al dueño; si no hiciere caso de la advertencia y el perro muerde y mata a alguien, el dueño del perro pagará una determinada cantidad en plata.

Entre los hebreos, la Ley de Moisés incluía la ley moral, el Decálogo o Diez Mandamientos, (Exodo 20:1-17; Deuteronomio 5:6-21), los primeros cuatro mandamientos contienen nuestros deberes hacia Dios, los restantes, contienen deberes hacia nuestro prójimo; y su propósito era formar un pueblo santo, ejemplo del mundo.

La ley religiosa tenía como propósito proveer salvación al pueblo, al anunciarle proféticamente a Cristo; y, la ley civil contenía las leyes sociales, prácticas humanitarias y consejos prácticos; su propósito era reglamentar todos los aspectos de la vida del pueblo escogido para hacerlo ordenado y próspero.

En nuestro territorio, las etnias propias mostraron una organización integral: religiosa, política, militar, administrativa, laboral; la que impulsó el desarrollo de la arquitectura religiosa y civil, metalurgia y orfebrería, hidráulica y agricultura, astronomía y medicina, textilería, y muchas otras ciencias y técnicas, que fueron las que practicaron culturas como Cupisnique, Chavín, Paracas, Nasca, Recuay, Tiahuanaco, Chancay, Chiribaya, Chachapoyas, entre otras.

Los Moche y su iconografía, plasmadas en diversos soportes, muestran escenas muy significativas, que han sido  interpretadas por arqueólogos, iconólogos e historiadores, adicionalmente, tenemos los escritos que cronistas nativos y foráneos nos legaron y en donde describen acontecimientos relacionados con la moral y las sanciones que sufrían quienes delinquían.

En un ceramio, presentado por Rafael Larco Hoyle, en su libro Checán se observa dos personas un varón y una mujer, juntos, atados a un cepo, y quienes han sufrido desollamiento, es decir, cortaron la piel de la cara, la que pende como colgajo en un ángulo de la cara, que entraña mucho dolor físico; es impresionante cómo han reflejado la severidad de las sanciones en pro de un orden establecido y por mantener un estado y nación cohesionada; la interpretación dada a estas imágenes, es que fueron adúlteros y sufrieron el castigo.

Los mismos Moche, muestran en otro ceramio, el famoso “callejón oscuro”, en el que es notorio que pasan adultos y son castigados; hemos podido observar en época de nuestra niñez que se tomaba como un juego, pero estaba subyacente la figura de “castigo”.

El cronista agustino Antonio de la Calancha, (Calancha 1974 [1638]: 1247) textualmente menciona: "A los adúlteros despeñavan vivos, i a los que vivían en pueblos junto a la Lunaguaná los llevan a precipitar a un cerro alto, que allí señaló el Inga para suplicio, i por eso se llamó aquel valle Runaguanac, que es lo mesmo que decir, lugar donde escarmientan los onbres, no donde los castigan, porque más atendían al escarmiento de los vivos que a la pena i castigo de los malos." (;"... si el adulterio fue provocado por la mujer, ésta era condenada a muerte y el hombre a los azotes, siendo desterrado después a las montañas ... Si lo fué con el consentimiento de ambos, morían juntos y no se les enterraba a fin de que fueran devorados por los buitres, los zorros, quedando como ejemplo, sólo los huesos esparcidos por los suelos.  

En relación a los Oquetupluc (médicos) de la costa norte, si cometían negligencia, eran atados al cadáver de los pacientes fallecidos, quienes yacían bajo tierra y el Oquetupluc sobre la tierra, desnudo, muriendo por inanición y la acción de los elementos de la naturaleza.  

Esta ley y forma de hacer justicia se seguía en todo el reino" (Poma de Ayala 1956:225).   Los cadáveres de los hechiceros no se enterraban, quedando abandonados en el campo, para servir de alimento a los cóndores, gallinazos y zorros" (Ibid:227).

Las Leyes y Ordenanzas, disposiciones que desde épocas muy antiguas existieron primitivamente  y que fueron ampliadas después por los Incas, al decir de Guamán Poma de Ayala, nos ilustran sobre éstos aspectos:

"Mandamos, … que en este Reino nadie tenga veneno, ponzoña, ni haga uso de hechicería para matar; al que lo hiciere en esta forma, lo condenamos a muerte, debiendo ser despeñado o descuartizado.   Si fuera contra el Inca o los señores grandes y principales, serán declarados rebeldes y traidores, y después de su muerte se hará tambor de la piel, de los huesos, flauta; de los dientes y muelas, gargantillas, del craneo, mate para beber chicha. Esta pena es la que se daba siempre al traidor, ejecutándosele públicamente.

Que ninguno se case con su hermana, su madre, su prima hermana, tia, sobrina, parienta ni comadre, so pena de ser castigados, sacándoseles los dos ojos, debiendo ser expuestos en los cerros y luego descuartizados, para memoria y ejemplo de los demás.

El príncipe de los cronistas Pedro Cieza de León menciona que: el inca Guaynacapa envió a algunos orejones, nobles del Cuzco y capitanes a visitar ciertos pueblos de la Tierra-Firme, los que fueron descuidados engañosamente por los naturales, cayendo de las balsas al agua donde los mataban con gran crueldad; una vez conocidos los hechos el Inca mostró gran enojo y "entendió en castigar los bárbaros de tal manera que, aunque ellos quisieron ponerse en resistencia, no fueron parte ni tampoco de gozar del perdón, porque el delito se tenía por tan grave, que mas se entendía en castigarlo con toda severidad que en perdonarlo con clemencia ni humanidad."

La historia del antiguo Perú, como la de otras latitudes demuestra que son las sanciones las que regulan las sociedades, logrando el orden social, un equilibrio y el paso hacia el progreso de las grandes culturas; aunque al paso del tiempo, las mencionadas líneas arriba, ahora pareciesen duras e inconcebibles dentro de los derechos humanos, queda claro que las sanciones son reguladoras y que se debe actuar legal y moralmente al respecto.

Nos queda reflexionar y actuar como estado, en temas álgidos de actualidad, por ejemplo a los varones que descuidan en el afecto, moral y económicamente a sus hijos, si se les condicionara su ingreso en un centro laboral o se les restringiera de alguno de sus derechos, definitivamente se verían obligados a realizar sus deberes como padres responsables. 

A los funcionarios públicos –cualquiera que sea su lugar en la pirámide laboral- cuyas acciones por definición son  traidores a la patria, aun cuando le denominen “corrupción” deben ser sancionados acorde con el daño que causan.  A los que deben frenar la violencia de todo tipo en el país y  que soslayan las probables soluciones como por ejemplo un mejor manejo de los medios de difusión y comunicación que exacerban mórbidas emociones negativas que terminan en comportamientos impropios, feminicidios, violencia en general, deben ser sancionados.  

Aquellos que deberían velar por la formación de los educandos y que mantienen un currículo sin la asignatura de HISTORIA DEL PERÚ, logrando “peruanos SIN IDENTIDAD”, deben ser sancionados, pues también es una traición no trasmitir la historia de nuestros ancestros, sus logros en la ciencia, en la tecnología y modos de vida.

Si tornáramos nuestros ojos a reprimirnos de realizar actos indebidos, inmaduros e irresponsables, en los que no respetamos los derechos de los demás, estamos seguros que alcanzaríamos una mejora sustancial de una vida en común organizados, con tiempos de orden social y de paz, que forman parte de los derechos humanos.   

Se requiere, entonces, de una cosmovisión en donde la formación moral que llevó a un Orden y Progreso en las antiguas naciones que habitaron nuestro territorio nacional sea un particular ejemplo para restablecer el orden en nuestro país.

Por Florencia Bracamonte Ganoza







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