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TAMBIÉN LOS RICOS TRAS LA MUERTE SERÁN SÓLO ALMAS

Ya sea usted una persona sencilla de clase media, ya sea una persona pobre o una adornada con títulos y riquezas, tras su muerte usted será sólo un alma sin títulos, sin medios, sin riqueza ni posición social, usted será únicamente un alma y nada más. Tras la muerte de la persona, su alma será exactamente tal como su ser humano fue, nada cambia.

Utilizando un símil podríamos decir que tal como el árbol cae así queda tumbado. Por eso cada día de nuestra vida terrenal es de gran significado, y cada instante es decisivo, porque cada persona emite y recibe a cada momento, y eso nos impregna, eso configura la “mochila” que un día llevaremos al Más allá.

Cada persona emite y recibe a cada momento, y cuantas más veces emitamos el mismo programa más se potenciarán esas energías homólogas en nuestro cerebro y en nuestro cuerpo, y lo mismo acogerá también nuestra alma, el cuerpo sutil. Esto significa que así como fueron nuestros programas hoy por la mañana, así permanecerán si morimos repentinamente por la tarde.

El alma es igual a como fue el ser humano, también el árbol que se ha talado hoy conserva su misma naturaleza tras la tala, por eso evitemos pensar que tras la muerte seremos diferentes. Ningún alma se puede llevar nada de este mundo, su único equipaje serán sus programas, aquellos con los que cargó su antiguo ser humano y que quedaron adheridos al alma.

Estimado lector cada uno de nosotros determina por sí mismo su vida, pues cada cual es responsable por su forma de pensar, hablar y actuar. Los pensamientos son energías que salen de nosotros y que regresan a nosotros.

La mayoría de los seres humanos apenas piensa en lo que diariamente emite y correspondientemente recibe, tampoco que el conjunto de lo emitido por la humanidad determina el estado de nuestro mundo, por ejemplo se podría decir que el mundo actual es como un barril de pólvora, es decir un potente barril cargado con agresividad de muchas personas. Y si la agresividad es el potencial emisor, qué otra cosa podría entonces regresar a la humanidad que no sea agresividad, peleas, robos, guerras, asesinatos y muchas cosas más.

Por eso la mejor recomendación para que tanto tu vida en la Tierra como tu vida en el Más allá sea una vida plena, feliz y luminosa es: “Oriéntate hacia el Emisor Universal, Dios, y programa correspondientemente tus programas de vida de acuerdo con lo que Dios nos dio a través de Moisés y Jesús de Nazaret en Sus enseñanzas, especialmente en el Sermón de la Montaña.

Por José Vicente Cobo








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