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EL PAÍS DE CABEZA

No hace falta ser un gran pensador ni un analista político para darse cuenta que el Perú está de cabeza. Con solo hacer un análisis de los cinco últimos Gobiernos, basta como ejemplo, para realmente preocuparse del país que se está heredando a nuestros jóvenes, a nuestras nuevas generaciones. Con presidentes presos, otros con orden de captura y otros en calidad de investigados por temas de corrupción, con qué ánimo poderlos llamar padres de la patria.

Es realmente preocupante, ver el ejemplo que nuestros gobernantes - en calidad de presidentes, congresistas, gobernadores regionales y alcaldes -, han hecho con su inacción y/o malos actos, que el pueblo tenga un mal concepto de lo que es en verdad la política. Para conocimiento del pueblo, anteriormente, ejercer un cargo público se hacía por vocación de servicio y no por llenarse los bolsillos con jugosos sueldos.
Es inaudito que un congresista pueda tener semejantes sueldos y gozar de tantos privilegios –sin mencionar que son intocables con lo de la inmunidad parlamentaria-. Es una cachetada a la pobreza, si volteamos a ver tanta necesidad en el país como el analfabetismo, la falta de postas médicas, una agricultura abandonada que produce a ciegas sin tener un mercado asegurado, obras que se construyen de manera sobrevaloradas, servidores públicos que prestan un pésimo servicio a los administrados, policías que agreden a docentes por reclamar sus derechos. Hay hermanos, muchísimo que hacer –citando la frase de nuestro vate universal-.

Remontándonos a otros temas, en la actualidad, sabemos que se avecinan en nuestro país las elecciones municipales y regionales donde ciertos candidatos y pre candidatos afilan cuchillos y garras. Lamentablemente, ya casi no existen partidos políticos –por no decir que no existen-, pues los diversos movimientos políticos, en su mayoría, carecen de verdadera filosofía política.

Ya no se forman cuadros políticos en la que por meritocracia son quienes deberían representar a su partido, sino que pesan más los intereses económicos familiares y privados. Y lastimosamente, el voto del elector pesa más por el candidato que le regala una bolsa de arroz, un polo o una determinada dádiva, lo cual pone en evidencia a nuestra paupérrima idiosincrasia.

Señores, escribo estas línea, sí, con el afán de incomodar. Así como lo lees, con el afán de incomodar tus sentidos y que abras los ojos. Por elegir el “mal menor” es que el Perú marcha de cabeza, por no pensar antes de votar y dejarse llevar por el fanatismo es que andamos así. Por eso, compatriota, te llamo a la reflexión, o podemos elegir mejor en estos comicios que se acercan o nuevamente, nos vamos todos al carajo.

Por: Chardin Mijahuanca Pinzón








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