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EL PAPA VIENE PARA ALABAR AL SEÑOR

“Tengo muchas ganas de encontrarme con ustedes”. Ésta es la ilusión de Francisco, el peregrino de la esperanza que en pocos días pisará nuestra tierra, nuestro país, nuestro querido Trujillo. Lo dijo lleno de emoción, el 16 de diciembre último, en una entrevista que concedió a nuestro Arzobispo, Mons. Miguel Cabrejos. Así es Francisco, tan cercano, tan nuestro, tan de Dios.

 La frase resume su magisterio, su pensamiento, su acción. Enseña la importancia de la cercanía, del contacto, del salir a las periferias en busca del hermano. Él nos ha predicado la cercanía de Dios, acercándose, como Jesús, a los enfermos, a los pobres, a los marginados. Cuando decidió visitar Trujillo, su corazón de pastor le impulsó elegir para su visita “una zona afectada por los huaicos y las lluvias”. Él eligió estar con los que sufren, con los damnificados, con aquellos que perdieron parte o todos sus bienes. ¡Qué hermoso testimonio!

Esto no es altruismo, no es cálculo político. Es el alma del Papa, su solicitud por los que sufren. En esta línea ha enseñado sin ambigüedades: “La Iglesia … está llamada a hacerse cercana a cada persona, comenzando por los más pobres, los que sufren o los marginados para que todos sientan la mirada compasiva y misericordiosa de Jesús” (Audiencia General, 29 de Octubre de 2014).
El Sucesor de Pedro llega a confirmarnos en la fe, y nos invita a abrir el corazón al Evangelio de Jesucristo: a vivir la misericordia, el perdón, la pobreza de espíritu, la gratuidad, la donación, el amor, la esperanza; es decir, a acercarnos a cada ser humano, a cada hermano, para abrazarlo en el amor de  Dios.

El apóstol San Pedro, hoy el Papa Francisco, ha recibido de Jesús la misión de confirmar a los hermanos en la fe (Cf. Lc. 22, 32). Esto consiste en sostener en la fe a sus hermanos y a toda la Iglesia. Y dado que la fe no se puede conservar sin lucha, Pedro deberá ayudar a los fieles en la lucha por vencer todo lo que haga perder o debilitar su fe. Obediente a esta misión, debe enseñar la fe en todos los tiempos, en las diversas circunstancias  y en medio de las muchas dificultades y oposiciones que la predicación encontrará en la historia; y, al enseñarla infunde valor a los fieles.

Deberá difundir el mensaje de la fe, proclamar la sana doctrina, reunir a los hermanos en solo rebaño. Con su testimonio y enseñanza buscará que los que no creen se abran y acepten la fe, y fortalecer a los que se hallan vacilantes.

Entendiendo esta misión dada a Pedro, el creyente, más allá de las emociones humanas, debe descubrir en esta visita papal, un tiempo de gracia, un regalo del Señor. En este entendido, no se equivoca quien dice que la visita del Papa fortalecerá nuestra fe para asumir con decisión y responsabilidad nuestra misión de impregnar de espíritu evangélico las estructuras sociales, en un mundo embriagado por el relativismo.

Papa Francisco, este pueblo te espera con la fe encendida. Te espera porque “Tú eres Pedro” (Mt. 16, 18), la roca sobre la que Cristo ha edificado su Iglesia. Porque Jesús fundó UNA Iglesia, no un grupo de creyentes subsistiendo aislados. Creemos firmemente que en tu persona tenemos el cimiento firme y seguro de nuestra fe, ya que Jesucristo quiso edificar su Iglesia sobre Pedro y sus sucesores. En tus enseñanazas y en tu magisterio hallamos una roca inconmovible frente a los oleajes de confusión doctrinal que arremolinan por doquier.

Trujillo y el Norte del Perú se ha preparado para esta visita pastoral. Eso es para nosotros la vista del Papa: una visita pastoral; es decir, el Pastor que viene a buscar a su rebaño para alimentarlo con el mensaje del amor y de la esperanza. Ese mensaje que ha recibido de Jesucristo, el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas. El Buen Pastor que también se ha hace pasto para sus débil rebaño, cuando se ofrece en cada Eucaristía y nos alimenta con el Pan de la Vida Eterna, que es su cuerpo y es su sangre.

Trujillo recibe a Francisco danzando, bailando la marinera. Esta Hermosa estampa de nuestra identidad será lo primero que contemple cuando descienda a tierras liberteñas. Con esta danza queremos expresarle el gozo de nuestra identidad católica, el dinamismo de nuestra esperanza y la fuerza que ningún huaico pudo doblegar.

Queremos que el portador de “las llaves del reino de los cielos” nos regale su sonrisa limpia, sincera, paternal. Queremos que nos bendiga, que nos hable de su experiencia de Dios. Queremos que nos enseñe a “echar las redes” donde nos indique la voz del Joven de Nazareth. Queremos que nos enseñe a responder tres y mil veces “Señor, Tú sabes que te quiero”. Queremos que nos enseñe a llorar cuando nos demos cuenta que hemos negado al Maestro.

Francisco, esperamos tu luz, queremos que nos envuelvas en la luz de Jesucristo, que enciendas nuestra esperanza, para seguir siendo un pueblo creyente, una Iglesia testigo del mensaje de Jesucristo. Esta luz ya está brillando. Ya sentimos cerca a Francisco: su sonrisa, su naturalidad y su sencillez. Somos privilegiados de este momento histórico. No sabemos si en esta centuria volverá a suceder un acontecimiento de esta trascendencia. Nosotros también, Unidos por la Esperanza, tenemos muchas ganas de encontrarnos contigo.

Por. R.P. Francisco Castro Lalupú.








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