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POLÉMICA POR PROTAGONISMO DE OBISPO DEL SODALICIO DONDE HUBO GRAVES ABUSOS

José Antonio Eguren Anselmi, arzobispo de Piura y Tumbes (regiones del norte peruano) fue anfitrión el sábado durante la reunión del Papa Francisco con unos 2.000 religiosos en la ciudad de Trujillo. Su presencia llamó la atención debido a que hace solo dos semanas el Vaticano dispuso la intervención del Sodalicio de Vida Cristiana, al que pertenece Eguren, una organización católica fundada en Lima, en 1971, por Luis Figari, para quien la Fiscalía de Perú ha pedido prisión preventiva por secuestro y lesiones graves.

Eguren es uno de los miembros de la llamada 'generación fundacional' del Sodalicio, uno de los discípulos directos de Figari, que ha sido denunciado por cinco víctimas a causa de abusos sexuales, maltrato físico y psicológico y secuestro en las casas del Sodalicio en Lima, desde los años 80 hasta la década del 2000.
El nombre del arzobispo de Piura y Tumbes figura en la denuncia presentada en mayo de 2016 ante la Fiscalía contra ocho miembros de la cúpula de la organización católica, y contra "los que resulten responsables" por secuestro, lesiones graves y asociación ilícita. Las denuncias sobre abusos sexuales prescribieron, por ello no fueron incluidas. Sin embargo, Eguren fue retirado de la denuncia pocos días después por la fiscal.

Su aparición al lado del Papa ha recordado al obispo chileno Juan Barros, ligado al pederasta Fernando Karadima, a quien Francisco respaldó en su visita e Chile. El libro 'Monjes y soldados' de Pedro Salinas y Paola Ugaz y la denuncia fiscal indican que los superiores del Sodalicio reclutaban a adolescentes blancos, de clase alta, con algún problema en la familia (separación de los padres, por ejemplo). Como parte de la formación de obediencia, los líderes dictaban "ordenes absurdas" o justificaban tocamientos indebidos, masturbación o penetración.

El primer exsodálite que denunció en la prensa, en el año 2000, los abusos en las casas del Sodalicio, indicó que Eguren le obligó, como parte de esas órdenes absurdas y castigos, comer "cosas asquerosas incontables veces", y empujar cuando le puso en la garganta la cuchilla de una navaja suiza.

Eguren fue, además, miembro del tribunal que calificaba a los aspirantes cuando iban ascendiendo posiciones en la jerarquía sodálite. El organismo los obligaba a desvincularse de su familia, les negaba ver noticias o hacer llamadas telefónicas, rompía las cartas de sus padres, de manera que solo pudieran ver su futuro ligado al Sodalicio. (El País)








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