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EL PADRINO

Uno: En vida Víctor Raúl Haya de la Torre (VRHT), los apristas obligatoriamente tenían que hacer carrera y seguir la agenda que les imponía el fundador del partido. Como organización jerarquizada estaba rodeada de simbologías connotativas, que fueron respetadas hasta la muerte de VRHT. De allí en adelante la CHAP, la JAP y todos los símbolos, canciones, lemas, mística aprista e ideología pasaron a segundo plano. Lo que hoy existe es una posición impostada y electorera.
De esa decadencia aprovechó Daniel Salaverry Villa (DSV), quien un buen día se le ocurrió ser político y que mejor en el Apra, llevado de la mano de un histórico. El primer recuerdo que tenemos de DSV en el aprismo fue cuando: postulando en las internas distritales de Víctor Larco, una noche apareció por su local central. Imaginamos que sintió lo mismo que Juan Vargas cuando llegó adulto a compartir –descubierto por “Chalaca” Gonzales- con el grupo de aspirantes a futbolistas profesionales. Pero el solitario DSV tuvo su tabla de salvación en la compañía de la tía “Chochi” y su grupo. Previo peaje, por supuesto.

Dos: Ya como regidor de la MPT, salvo el préstamo que había obtenido de un millón y medio de dólares a la entidad bancaria municipalidad, DSV era una incógnita, pero en todos los medios de comunicación figuraba con el título de arquitecto. En la revista OK, como parte de una rutina, decidimos confirmar esta información, que no era requisito para desempeñar un cargo público. Lo que salió a la luz sí fue de interés periodístico, pues el reporte de notas de la Upao mostraba un discreto promedio ponderado, para emplear un eufemismo.

Tres: Al pedir el presidente Vizcarra un referéndum para aprobar la no reelección parlamentaria, le ha tirado la papa caliente al Congreso que preside DSV, pues dentro de sus funciones está el someter a consideración la agenda de las sesiones del Pleno. Ojalá -esta vez- no salga jalado.

Por Ramón Daniel Azabache


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